Los trabajadores del 112, desbordados por la falta de personal: “La línea colapsa con el mínimo imprevisto”

La inspección de trabajo obligó al organismo del que depende Emergencias a dar partes de accidente laboral a varios operadores atendidos por crisis

En 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó la plantilla un 15% y aún no se ha recuperado pese a que hay un acuerdo que obliga a que se haga este año

“Somos el primer filtro para atender emergencias de todo tipo y no debería haber espera en ningún momento, pero la hay”, dice uno de los empleados.

Sofía Pérez Mendoza 

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Los operadores que atienden la línea de emergencias 112 denuncian que están desbordados. Su teléfono, dependiente del Organismo Autónomo Madrid 112, es el primer filtro por el que pasa cualquier aviso de emergencia en la Comunidad de Madrid –desde urgencias médicas hasta bomberos– y “se colapsa con un mínimo imprevisto”. “No debería haber espera en ningún momento, pero la hay, a veces hasta cuatro o cinco minutos”, denuncia Pedro, uno de los empleados y miembro del comité de empresa.

En el año 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó en un 15% la plantilla de operadores con una reducción de puestos de trabajo de 149 a 129 (20 vacantes). A día de hoy el número es el mismo, pese a que la Comunidad de Madrid tiene de plazo hasta finales de este año para contratar al menos a 10 personas, según el acuerdo que suscribió con los trabajadores después de la huelga que secundaron en verano de 2016 para protestar por la falta de personal.

Los operadores que atienden la línea de emergencias 112 denuncian que están desbordados. Su teléfono, dependiente del Organismo Autónomo Madrid 112, es el primer filtro por el que pasa cualquier aviso de emergencia en la Comunidad de Madrid –desde urgencias médicas hasta bomberos– y “se colapsa con un mínimo imprevisto”. “No debería haber espera en ningún momento, pero la hay, a veces hasta cuatro o cinco minutos”, denuncia Pedro, uno de los empleados y miembro del comité de empresa.

En el año 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó en un 15% la plantilla de operadores con una reducción de puestos de trabajo de 149 a 129 (20 vacantes). A día de hoy el número es el mismo, pese a que la Comunidad de Madrid tiene de plazo hasta finales de este año para contratar al menos a 10 personas, según el acuerdo que suscribió con los trabajadores después de la huelga que secundaron en verano de 2016 para protestar por la falta de personal.

Fuentes de la Consejería de Presidencia, cartera de la que depende el servicio, aseguran que cumplirán su palabra en cuanto se convoquen oposiciones este año. Pero mientras tanto el servicio continúa funcionando. Un día “normal”, describe la trabajadora Minerva Álvarez, “es atender 250 llamadas en un turno de ocho horas”. “Todos los días tenemos cola de espera en algún momento. Estás atendiendo con todos los sentidos y ves el piloto rojo activo, que puede ser un infartado o un vecino al que se le ha inundado el garaje. El sistema no discrimina. En el primer caso, dos minutos marcan la diferencia de que el Summa llegue o no a tiempo”, describe Álvarez.

Esperas de 20 minutos
La empleada, que lleva 16 años en este servicio y ahora forma parte del comité de empresa por Comisiones Obreras, asegura que las fuertes lluvias que hubo en julio en Madrid provocaron que se multiplicaran las llamadas y tiempo de espera “de hasta 20 minutos”. “Para nosotros es un estrés incalculable, si a eso añades la presión de los jefes el resultado es terrible. Hemos tenido varios casos de ansiedad y crisis hipertensivas en el último año”, apunta.

A Pedro, trabajador del servicio durante una década, le ha pasado en dos ocasiones. En una de ellas fue atendido por el personal de Summa que hay en la central por una “crisis hipertensiva”, según consta en el informe médico, al que ha tenido acceso eldiario.es., que también precisa que está trasplantado de riñón. La situación de nervios se desencadenó, cuenta él, porque habían cambiado el sistema informático y “se producían fallos que agravaban las colas de llamadas”. “Se acercó un jefe de sala a recriminarme que estaba desconectado y tuvimos una discusión porque me presionó mucho”, explica en conversación con este medio. Pasó a una hora de acabar su turno y permaneció tres, recuerda, en vigilancia.

Tras el episodio pidió un parte de accidente laboral a la gerencia, que se lo denegó. Así también lo confirman desde la Consejería de Presidencia. El motivo: que “no se consideraba accidente de trabajo”. Esta misma situación –que los superiores se negaran a dar los partes para que los trabajadores puedan ir a la mutua– se repitió con tres trabajadoras más, aunque solo dos casos (el de Pedro y el de otra compañera) figuran en la denuncia que puso Comisiones Obreras ante la inspección de trabajo, que obligó por requerimiento al organismo a entregarlos, como está establecido en la ley.

“Un clima de estrés y presión”
Ninguna de las situaciones, confirman fuentes de Presidencia, se consideraron accidentes laborales en la mutua –la Unidad de Prestaciones Asistenciales Médicas (UPAM), dependiente de la Comunidad de Madrid–, pese a que habían ocurrido durante la jornada y provocadas, relatan los afectados, por “el clima de estrés y presión de la situación en la sala de operaciones”.

Tanto Pedro, que ha estado después de baja ocho meses, como Minerva refieren “presiones” por parte de los superiores. “Se contabiliza el tiempo que estás desconectado del ordenador, que incluye lo que empleas en levantarte al baño. Están muy pendientes y lo van registrando. Si no les cuadra, te llaman al despacho”, describe ella, que ha participado este viernes en la concentración de trabajadores que ha convocado Comisiones Obreras para hacer visible la situación de estos operadores. ” A lo largo de estos años se han dado situaciones graves pero la gente se las come y se va a su casa con ello. Y cuando peta se da de baja”, añade Pedro.

La Comunidad de Madrid asegura, preguntada por este medio, que es posible que en este mismo año vuelvan las 20 vacantes que se eliminaron, “incluso antes de lo acordado” y subrayan que este verano ha sido el primero que han hecho contrataciones temporales para sustituciones los meses de verano y se están cubriendo las ausencias “por excedencias o bajas largas”.

Los trabajadores esperan también revisiones en sus categorías profesionales, acordadas tras la huelga, pero que aún no han llegado. “Nos prometieron una mesa técnica para analizarlo y aún nada”, dice Pedro. Fuentes de la Comunidad de Madrid precisan que estas cuestiones dependen de la mesa general de negociación, que debe aprobar esta mesa más específica “y que no lo ha hecho porque no hay pronunciamiento de los sindicatos”.

eldiario.es

 
 
 
 
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