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Urgencias hospitalarias: esto se hunde

Urgencias hospitalarias: esto se hunde

 Tengo 42 años, soy médico desde hace 19 y trabajo en urgencias hospitalarias desde hace 17. Adoro mi trabajo, me encanta curar, me gusta la gente, no me imagino dedicándome a otra cosa. Ayer fue lunes y tuve guardia. Hoy me duelen las piernas pero sobre todo me duele el alma y por momentos creo que no voy a poder más. A las ocho de la mañana terminé mi guardia firmando un certificado de defunción y llevo todo el día con un nudo en la garganta. No sé si gritar o llorar. Probablemente ambos.

No estoy triste por mi última paciente; tenía 98 años y murió tranquila, acompañada por su familia y en la intimidad de un box. Habría sido mejor que pudiera haber muerto en su cama, pero estoy satisfecha con la atención que le dimos. Y creo que su familia también. Yo en realidad estoy triste por los casi 30 pacientes que se quedaban en urgencias pendientes de cama y por todos los que se les habrán ido añadiendo a lo largo del día de hoy.

Estoy triste por todos esos pacientes que me recibieron ayer con una sonrisa y un gracias después de esperar 7 horas a ser atendidos. También por todos aquellos que necesitaban una camilla y no podíamos dársela y por esos otros afortunados que sí la tenían, pero se iban a pasar sobre sus 10 cms de colchoneta de espuma las próximas 24 horas. Estoy triste porque me siento como un hámster corriendo en una rueda sin fin sin llegar nunca a un destino.

Hay cosas impredecibles, un accidente grave, una catástrofe… pero hay otras que no lo son. Y la gripe entra dentro de este último grupo. Puede llegar antes o después pero siempre llega. Así que alguien debería haber pensado qué podíamos hacer para minimizar sus efectos. Es cierto, España tiene una población muy envejecida que la hace especialmente susceptible a esta enfermedad, pero los ancianos no cayeron ayer del cielo. Hace años que viene advirtiéndose de este problema así que tal vez alguien debería pensar qué modelo asistencial necesitamos.

El asunto es que es poco popular electoralmente decir que se va a invertir en hospitales de enfermos crónicos y en reforzar la atención primaria. Vende muchísimo más decir que se van a comprar dos máquinas de resonancia magnética que que se va a dignificar la labor del médico de familia.

Todos queremos la última tecnología, los mejores hospitales, aunque estadísticamente es mucho más probable que te beneficies de tener un buen médico de familia que de tener al lado un hospital de tercer nivel.

El problema es que menospreciamos la atención primaria y todos aspiramos al “especialista”, olvidando o ignorando que, desde 2005, es obligatorio que todos los licenciados en Medicina se especialicen vía MIR para trabajar en el sistema público de salud. Así que tan especialista es el traumatólogo como el médico de familia, cada uno en lo suyo.

Pero la atención primaria sigue siendo la hermana pobre, se programan agendas que son completamente inasumibles, pacientes citados cada minuto, consultas forzadas urgentes y, si alguien se pone enfermo, pues el compañero hace trabajo doble. Total para lo que sirve el médico de cabecera…Es cierto que ahora es difícil encontrar sustitutos, en parte porque hay gente que se ha ido fuera de España a trabajar en busca de mejores condiciones laborales, pero también porque alguien no calculó bien cuántos médicos se necesitarían en un futuro.

En fin, que parece que hay alguien que no ha hecho bien su trabajo, alguien a quien votamos cada 4 años pero que sólo piensa en renovar otros cuatro. Ir pasando el tiempo sin grandes escándalos y en la siguiente campaña electoral les volvemos a contar lo de las dos resonancias y a correr.

Y nosotros somos tan tontos que tragamos y nos dedicamos a gritar a la enfermera que nos está atendiendo como puede en urgencias en medio de un mar de camillas, aceptamos sustituir al compañero enfermo sin rechistar, seguimos corriendo sin parar y llorando cuando llegamos a casa después de una guardia infernal. Como el hámster en su noria. Pero yo no quiero ser un hámster, a mí me encanta ser médico.  Sólo quiero poder hacerlo con dignidad.

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Los trabajadores del 112, desbordados por la falta de personal: “La línea colapsa con el mínimo imprevisto”

La inspección de trabajo obligó al organismo del que depende Emergencias a dar partes de accidente laboral a varios operadores atendidos por crisis

En 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó la plantilla un 15% y aún no se ha recuperado pese a que hay un acuerdo que obliga a que se haga este año

“Somos el primer filtro para atender emergencias de todo tipo y no debería haber espera en ningún momento, pero la hay”, dice uno de los empleados.

Sofía Pérez Mendoza 

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Los operadores que atienden la línea de emergencias 112 denuncian que están desbordados. Su teléfono, dependiente del Organismo Autónomo Madrid 112, es el primer filtro por el que pasa cualquier aviso de emergencia en la Comunidad de Madrid –desde urgencias médicas hasta bomberos– y “se colapsa con un mínimo imprevisto”. “No debería haber espera en ningún momento, pero la hay, a veces hasta cuatro o cinco minutos”, denuncia Pedro, uno de los empleados y miembro del comité de empresa.

En el año 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó en un 15% la plantilla de operadores con una reducción de puestos de trabajo de 149 a 129 (20 vacantes). A día de hoy el número es el mismo, pese a que la Comunidad de Madrid tiene de plazo hasta finales de este año para contratar al menos a 10 personas, según el acuerdo que suscribió con los trabajadores después de la huelga que secundaron en verano de 2016 para protestar por la falta de personal.

Los operadores que atienden la línea de emergencias 112 denuncian que están desbordados. Su teléfono, dependiente del Organismo Autónomo Madrid 112, es el primer filtro por el que pasa cualquier aviso de emergencia en la Comunidad de Madrid –desde urgencias médicas hasta bomberos– y “se colapsa con un mínimo imprevisto”. “No debería haber espera en ningún momento, pero la hay, a veces hasta cuatro o cinco minutos”, denuncia Pedro, uno de los empleados y miembro del comité de empresa.

En el año 2013 el Gobierno de Ignacio González recortó en un 15% la plantilla de operadores con una reducción de puestos de trabajo de 149 a 129 (20 vacantes). A día de hoy el número es el mismo, pese a que la Comunidad de Madrid tiene de plazo hasta finales de este año para contratar al menos a 10 personas, según el acuerdo que suscribió con los trabajadores después de la huelga que secundaron en verano de 2016 para protestar por la falta de personal.

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Graves carencias en las urgencias de Perales

11 enero, 2017Noticias

Inauguración irresponsable

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La Plataforma SAR, integrada por médicos-as y enfermeros-as de los Servicios de Atención Rural (SAR) de Madrid, responsables de la atención sanitaria de Urgencias, sobre la apertura del SAR de Perales del Rio manifestamos:

Que la puesta en marcha de un Servicio de Urgencias va más allá de la contratación de unos profesionales que den cobertura sanitaria a la población adscrita a dicho Servicio y que su organización, planificación e infraestructura, requiere de unos mínimos de calidad imprescindibles y que deberían ser rigurosamente supervisados antes de su puesta en marcha.

Que la mala planificación sanitaria ha repercutido negativamente en la actividad sanitaria de los profesionales y lo que es más importante, en la calidad asistencial dispensada a los ciudadanos.

Que un buen sistema sanitario no solo se mide por apertura de nuevos centros, sino más bien por la calidad asistencial que pueden dispensar y en el caso del SAR de Perales del Rio se ha hecho de forma precipitada, sin los recursos materiales y controles de calidad necesarios que cualquier servicio de Urgencias necesita.

Casi un mes después de su apertura, continúan sin solución aspectos organizativos, infraestructuras y recursos materiales, imprescindibles para una práctica sanitaria segura y de calidad, por lo que instamos a la Consejería de Sanidad y a la Gerencia de Atención Primaria, máxima celeridad en la solución de los problemas que ciudadanos y profesionales necesitan.

                                                                                Plataforma Servicios de Atención Rural de Madrid

“Quítese el traje de chaqueta, Dr. César Pascual, y póngase el del hospital”

Estimado Director General de Coordinación de la Asistencia Sanitaria, cuál fue nuestra sorpresa, cuando ante la información sobre la problemática saturación de las unidades de críticos pediátricos por el aumento de la bronquiolitis usted apunta, cito textualmente: “Cuando hay tantas fiestas seguidas como ocurre esta semana, como no está la plantilla de pediatría al completo, está sólo la guardia, si hay camas libres en las UCIS meten bronquiolitis para que los niños estén más vigilados pero, en realidad, si hiciera falta la cama porque llega un niño grave, el niño con bronquiolitis se va a planta y se ingresa al que se encuentra en estado grave.”

Desconocemos el ámbito asistencial en el que ejercicio su labor como médico, pero lo que usted dice es una inexactitud y difamación, y muestra una absoluta falta de respeto y consideración hacia el trabajo realizado en las plantas de pediatría que en esta época se encargan de niños que tendrían que estar en la UCIP, y lo hacen con menos recursos materiales y humanos, además que no hay cierres de camas, sino al revés, tienen que habilitar más puestos para poder dar cobertura.

En la UCIP pediátrica que estamos, actualmente más del 50% de los niños ingresados son bronquiolitis, todos menores de un año, y garantizamos que necesitan un soporte que no es viable en planta, tanto recursos materiales (respiradores, alto flujo…), como asistencia médica (medicaciones, necesidad de intubación, canalización de accesos vasculares centrales…) y de enfermería (aspiración de secreciones, fisioterapia respiratoria, manejo de dispositivos como monitores o respiradores…) que sólo es posible en unidades de críticos.

Enhorabuena por ser capaz de simplificar un problema de salud tan grave como son las epidemias de bronquiolitis tanto para las plantas de pediatría como para las unidades de cuidados intensivos pediátricos, sus comentarios no tienen desperdicio porque ya no sólo es la ausencia de sitio físico para atender estos niños, si no que añadimos la precariedad de la situación laboral en sectores sanitarios como el personal de enfermería por culpa de las políticas de contratación, como por ejemplo cubrir bajas por enfermedad a partir de un mes.

Llevamos cubriendo incidencias, desde hace meses, con la pérdida de días libres que supone (y para comprobarlo tienen los historiales de días trabajados, vacaciones y libranzas, hoy en día informatizados) y por tanto periodo de tiempo personal necesario para descansar, estamos en una situación general de agotamiento tanto físico como mental, lo que es un factor más a tener en cuenta al realizar nuestro trabajo. Las condiciones actuales de trabajo nos ocasionan estrés, miedo e inseguridad sobre las tareas que realizamos, y ya no porque acabemos agotados, si no por el miedo de que a los niños ingresados les pase algo por un error, por un fallo durante la jornada laboral, que sería evitable si el entorno de trabajo fuera el adecuado.

Nuestra máxima preocupación es la seguridad de los niños, por eso queremos respaldar y defender nuestro trabajo, y ya hemos puesto en conocimiento del riesgo para la seguridad de los pacientes a nuestros responsables superiores, y las posibles consecuencia de dichas situaciones como falta de recursos humanos, personal no preparado o trabajadores sobrecargados, informando a todos, incluida la conserjería, porque sabiendo de esta situación, las responsabilidad ante posible situaciones de riesgo de los niños ingresados, la aparición de un evento adverso para la seguridad del niño, también seria compromiso de las decisiones tomadas en cuanto al personal contratado, el número por turno, y por tanto de quien toma estas decisiones.

Dr. César Pascual Fernández, trabajamos con personas les curamos y cuidamos día a día, acompañamos, enseñamos, aprendemos, y también hay que decirlo, sufrimos y lloramos en ocasiones, son el eje fundamental de nuestro trabajo, hay conceptos como la humanización de los cuidados, la calidad de la asistencia sanitaria, la seguridad de los pacientes incluida en esta última y que gracias a personal insuficiente, se ponen en peligro día tras día. Usted trabaja con presupuestos, estadísticas, proyectos,… etc., labor que no se cuestiona, pero sitúese en nuestro lugar, dé la cara con pacientes y padres, quítese el traje chaqueta y póngase el uniforme de hospital y realice una guardia de 24 horas con los compañeros médicos que tienen que decidir qué niño ingresa y a cuál dan el alta, e informando después a los padres dando la cara, y en sus espaldas la carga asistencial de los demás pacientes, que en el hospital nuestro, no es nada desdeñable por la gravedad y variabilidad de situaciones que encontramos.

Gracias de nuevo Dr. César Pascual Fernández, y a su superior, el titular de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el Dr. Jesús Sánchez Martos, por su falta conocimiento y poco respeto hacia el trabajo que se realiza en las unidades de Cuidados Intensivos Pediátricos, y por supuesto, queda usted invitado a nuestra unidad, y que decida allí a pie de cama, a qué niños les da el alta para que ingresen otros.

Cadena Ser

Las ambulancias no son gratis, mi insomnio tampoco

BY · 24 MAYO, 2016

IMG_5365Eran las 3.15 am. No había nadie en la calle.

El 1-1-2 nos activa para que vayamos a ver a una paciente de 30 años con una crisis de ansiedad.

Hacía viento y la noche estaba particularmente oscura.

Llegamos rápido, el domicilio se encontraba cerca, a menos de 3 minutos del centro.

Estacionamos nuestra ambulancia de Soporte Vital Avanzado y recogimos las mochilas. A esas horas de la noche, parece que van más cargadas.

Técnico, enfermera y médico, los tres con cara de domingo de guardia tocamos el telefonillo.

Nadie nos respondió.

Insistimos y nada.

Avisamos al 1-1-2 para hacer una mediación con el llamante, y después de una tercera re-llamada nos contesta con despertina voz “que su mujer ya se quedó dormida. Se tomó un lexatín y ahora está dormida” (al igual que él).

Ante la pregunta del operador de ¿por qué no avisó usted al 1-1-2 para suspender el aviso?, aquel hombre afirma un simple “se me olvidó”. Y punto.

Nos miramos, suspiramos, damos por finalizado este aviso y regresamos a la base.

Una sensación de que esto así no funciona me invade.

¿Será que si tuviera que pagar nuestra asistencia olvidaría cancelar el aviso?

¿Realmente merece la pena activar un equipo de SVA por este tipo de motivos?

¿Se pudo solucionar por teléfono?

La sanidad no es gratis, y aunque lo parezca no es así.

Desplazar una ambulancia en plena madrugada cuesta.

Movilizar profesionales de las emergencias tiene un precio.

Y  lamentablemente no lo vemos, no lo percibimos, no lo sentimos en nuestras carteras y por eso abusamos a diario de estos servicios.

No suelo pronunciarme a favor de un copago del servicio de urgencias, pero tal vez, habría que buscar soluciones para un problema que existe y es real. Llámese copago o medidas para proteger las decisiones de los compañeros del centro coordinador. No podemos mirar hacia otro lado, no podemos seguir movilizando recursos de un modo innecesario, aunque sea políticamente incorrecto y no ayude a ganar unas elecciones, se debería actuar.

Porque si en ese momento nos hubiera surgido una emergencia, sin duda alguna hubiéramos demorado nuestra asistencia.

Aunque esa noche no paso nada, otro día abusar de un servicio de urgencias le puede costar a otro ciudadano la vida.

Piénsalo. Hagamos un uso responsable de nuestra sanidad.

Otra noche de insomnio. Otro post Con Tinta de Médico.

J.M. Salas – Con Tinta de Médico