Archivos Mensuales: agosto 2016

Hospital Universitario del Tajo: recortes de personal, camas y servicios

Hospital Universitario del Tajo: recortes de personal, camas y servicios

 

“Soy Enfermera, soy Auxiliar de Enfermería, soy profesional de la Sanidad Pública”

Llevo todo el día intentando buscar las palabras justas para poder expresar tantas cosas por este verano…

Si os cuento que mi hospital es muy chiquitín con sólo 96 camas operativas y que han cerrado 17, diréis, bueno, no es para tanto, en comparación con las cientos de camas que se están cerrando en los grandes hospitales. Pero si os cuento que en nuestra unidad el cierre de la mitad de las camas, el 50%, supone una reducción de plantilla de más del 53%, es evidente que sí es para mucho.

Si os cuento que cuando hablamos con otros compañeros del resto del hospital ya sean enfermeros, auxiliares o médicos, nadie sabe que se hayan cerrado camas o que se ha reducido la plantilla a la mínima expresión, dice mucho del sentimiento de soledad que estamos viviendo.

Si os cuento que las quejas dadas a nuestros superiores, de palabra y por escrito, sólo han conseguido el NO por respuesta y la indiferencia…”es lo que hay” nos han dicho.

Y así, en esta soledad de tener que estar uno solo por turno tardes, noches y fines de semana, sólo se me ocurre pedir perdón, a todas y cada uno de aquellas personas que como pacientes o familiares hayan pasado por nuestra unidad o tengan que pasar durante este verano.

Pido perdón por las decisiones que desde un despacho, gerentes y directores toman sobre nuestro hospital y deciden que sobran recursos en esta época y deciden que hay que cerrar quirófanos, y deciden que no hacen falta tantas camas, y deciden que no hace falta contratar personal, ellos no tienen que dar la cara delante de vosotros cuando ingresáis.

“Pido perdón porque las enfermedades no entienden de épocas…”

Pido perdón porque las enfermedades no entienden de épocas….Y entonces sucede que como la enfermedades no entienden de épocas, las listas de espera quirúrgica aumentan y las citas para consulta se disparan a meses. Y las urgencias se saturan porque no hay ni camas para ingresar pacientes, ni profesionales que atiendan a esos pacientes

Pido perdón por las esperas que los pacientes tenéis que sufrir a veces porque sólo hay una enfermera y una auxiliar para atender a todos en nuestra unidad durante este verano porque se han reducido el número de profesionales que habitualmente os atienden y son tantas cosas que hay que atender a la vez … Nos faltan manos.

Pido perdón si a veces nos veis con mal humor, con cara de preocupación, contestamos en un tono que no es el adecuado, o no podemos pararnos a escuchar todo lo que tenéis que decirnos, el enfado no es por vosotros que sois la razón de nuestro trabajo. El enfado y la impotencia es porque nos sentimos solos y abandonados profesionalmente hablando. Porque ponen vuestras vidas en nuestras manos y sin embargo os quitan a vosotros los medios para que podamos cumplir nuestro trabajo como corresponde, que es cuidaros con calidad. No os merecéis esto.

Por todo ello pedimos perdón por la vergüenza ajena que sentimos de que los intereses económicos estén por encima de las personas y que importen más las cifras que la vida.”

irispress

Al otro lado del uniforme

Difundimos este post, aunque antiguo, que describe dos realidades del ser humano en su relación con el sistema sanitario. La del profesional que “controla” el medio con cierta naturalidad y la más compleja, la de usuario, vulnerable y desnudo de su intimidad frente al sistema sanitario.


El uniforme tiene dos lados, el de dentro donde estamos los profesionales y el de fuera, donde habitan enfermos y familiares. Parece mentira que estos dos mundos convivan en simbiosis y sin embargo sean tan radicalmente distintos, casi opuestos.

Esta semana estoy haciendo un cursillo intensivísimo sobre lo que uno siente en la parte de fuera. Dos de mis familiares mas cercanos y mas queridos han requerido tratamientos de mas o menos envergadura y de mas o menos urgencia en dos hospitales de dos ciudades distintas. Ser familiar de un enfermo en un hospital es como ponerse una vacuna de humildad, con excipiente de miedo.

Sin uniforme eres de repente totalmente invisible, puedes estar en un sitio y nadie te ve.

Sin uniforme estás como atolondrado, perdido, no sabes dónde ponerte para no molestar.

Sin uniforme se te seca la boca de un miedo distinto, básico, íntimo. Estar esperando a la puerta de un quirófano te arruga el alma.

Sin uniforme no entiendes lo que te explican, se te olvida la medicación que tomas, te sientes totalmente vulnerable, absolutamente fuera de control.

Sin uniforme ves las pequeñas cosas con otros ojos, el reloj del pasillo se mueve muy, muy despacio, sobre todo si algo te duele.

Sin uniforme no tienes intimidad, apenas eres persona, las batas que cierran atrás te dejan el culo al aire; al lado del uniforme quizás nunca te habrías dado cuenta.

Sin uniforme, la gente con uniforme te parece muy, pero muy importante, mucho más que tú mismo.

Sin uniforme no hay libertad, tu vida parece en manos de otros, como en un cuartel.

Sin uniforme, la gente te pierde el respeto más básico, entran sin llamar, se meten al WC cuando estás dentro o preguntan a gritos si “has hecho caca” desde la puerta.

Sin uniforme, la familia de la cama de al lado se convierte en tu familia, se crea una solidaridad que va mas allá de clases, de opiniones o de culturas.

Sin uniforme, cualquier gesto de amabilidad o de simpatía por parte de los del uniforme es como un enorme regalo.

Estar al otro lado del uniforme debería ser obligatorio una vez al año, como recordatorio de lo distinto que se ve todo como paciente, la pérdida de control sobre tu vida , la inseguridad, la vulnerabilidad, la invisibilidad, la desinformación y sobre todo, el miedo, el miedo profundo y paralizante.

Cuando estamos a nuestro lado del uniforme nos olvidamos demasiado a menudo de que los protagonistas de esta bata, lo verdaderamente importante, son los del otro lado, no nosotros.

medicoacuadros