Archivos Mensuales: noviembre 2017

“Cierras la puerta de la consulta y puede pasar cualquier cosa”

El Colegio Oficial de Médicos de Madrid ha denunciado en lo que llevamos de año  69 agresiones a médicos en la Comunidad. El 65% de ellas en atención primaria, un 20 % hospitalaria y entorno al 8% en la privada. Agresiones que llegan a ser graves teniendo en cuenta que los tribunales han sentenciado penas de cárcel para los agresores en 48 ocasiones.

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La carencia de medios llega a un mismo vigilante de seguridad  preste servicio en dos centros distintos a la vez según denuncian desde el Colegio.

“Estamos solos. No tenemos personal de seguridad que nos pueda ayudar por las noches que es cuando suele haber más incidentes. Somos un médico y una enfermera siempre alerta y dispuestos a cualquier cosa”. Icíar Valero,  es médico del Servicio de Atención Rural (SAR) en Arganda del Rey, uno de los otros 40 centros que hay en la Comunidad de Madrid.

AUDIO 1 

José Ángel Romero, enfermero del SAR de Villarejo de Salvanés y también portavoz de la Plataforma SAR Madrid denuncia que en más de una ocasión han pedido por escrito  vigilancia durante las fiestas locales y “se nos ha denegado”,

Los SAR que en la Comunidad de Madrid cuentan con una plantilla de 198 médicos y 160 enfermeros se crearon en 2005 para prestar atención sanitaria urgente en los municipios que carecen de centros de atención primaria fuera de los horarios habituales. Desde entonces se suceden las denuncias de estos profesionales por falta de seguridad

Medidas de seguridad insuficientes

“El principal problema de seguridad es el acceso al SAR. Se nos ha instalado el videoportero pero abres sin saber lo que te vas a encontrar”, reconoce Natividad Gil, médico del SAR de Paracuellos del Jarama. Porque permitir el acceso a un potencial paciente no es una opción. “Tienes obligación de abrir la puerta sea quien sea que esté detrás de ella, y nadie en su sano juicio va a llamar a una puerta con un cartel que diga soy un agresor y vengo a violentarte”, añade Romero.

Desde la Consejería de Sanidad se reconoce el problema y aseguran que están trabajando en un proyecto piloto de localización GPS  de los facultativos que tienen que realizar visitas a domicilio. A eso añaden, la instalación de videoporteros y el refuerzo de las puertas de entrada a los centros.

Eso provoca situaciones tensas que incluso han acabado en agresiones a los sanitarios, como ocurrió recientemente en las fiestas de la localidad alcarreña de El Casar por parte de unos jóvenes madrileños.

Gracia Paz Martínez, enfermera en el SAR Villa del Prado, cuenta una de esas experiencias: “He tenido que dejar mi consulta para estar al lado del médico porque tenía un paciente conflictivo y en ese momento necesitaba de mi presencia al lado”.

Otra de las herramientas de que disponen los empleados es el botón del pánico. Está a disposición de todos los médicos de atención primaria y, en caso de que se presente una situación de posible riesgo para la integridad del médico o enfermero, este puede pulsarlo y llega una alerta al resto de ordenadores de los compañeros. En el turno del SAR, con un máximo de cuatro sanitarios para todo el centro, este aparato apenas es efectivo.

“Hay compañeros que han hecho escritos mediante el Colegio de Médicos de Madrid solicitando botones del pánico portátiles y conectados con la policía, porque si no, no van a seguir sirviendo de nada”, concluye Romero.

VIGILANTES DE SEGURIDAD COMPARTIDOS

El  Colegio Oficial de Médicos de Madrid pide a la Consejería de Sanidad que ponga en marcha un plan global  para acabar con la situación de “indefensión” con la que trabajan muchos médicos, sobre todo en la atención primaria.

Y un ejemplo claro de ello es, según Asunción Rosado, vicesecretaria del Colegio de Médicos  que “varios centros tienen que compartir a un mismo vigilantes de seguridad”.  A eso añade que en muchos casos el botón del pánico no funciona y “una vez que se cierra la puerta de tu consulta puede pasar cualquier cosa”. 

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Cadena Ser

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A los profesionales de la sanidad pública: gracias

      Javier Lizon Manifestación contra los recortes en Sanidad, en Madrid.

 

MARTES, 31 DE OCTUBRE DEL 2017 – 08:30 H

El viernes 13 de octubre muy de madrugada me ingresaron de urgencias y al finalizar el día despertaba en una habitación en el Hospital de Sant Pau tras haber pasado por quirófano para que me extirparan la vesícula biliar.

Quiero hablar de ese chico cordobés de veinte y pocos años de la ambulancia, que hace turnos nocturnos de 12 horas, de 7 de la tarde a 7 de la mañana, con gran sacrificio en su vida social, pero con la ilusión de que todo su esfuerzo se vea recompensado con la experiencia que gana y las posibilidades de llegar a conseguir un turno más conciliador con sus expectativas vitales.

Quiero hablar de esa enfermera de urgencias que hace guardias, con un tatuaje en el brazo de un búho, que es súper fan de Harry Potter, y que me muestra con orgullo cómo el búho aguanta una Snitch Dorada y que es un tatuaje diferente, personal.

Quiero hablar de los celadores, que se manejan con las camillas, por pasillos estrechos y llenos de movimiento, con una seguridad y suavidad mientras te dan una conversación agradable y una sonrisa.

Quiero hablar de las enfermeras de “monitorización”, que te cuentan que les ha llamado la atención la nueva película de Michael Fassbender, El muñeco de nieve, y que tienen ganas de ir a verla al cine.

Quiero hablar de la doctora peruana que me hizo la primera ecografía, con quien intenté (sin mucho éxito) jugar a adivinar de dónde era su acento. Y su compañero, también peruano (hice un poco de trampas esta vez) que vino a echarme un segundo vistazo.

Quiero hablar de las doctoras, que con mucho tacto, tranquilidad y claridad me informaron del diagnóstico y de en qué consistía la operación.

Quiero hablar de Jing Huang (espero escribirlo bien, me dicen que la conocen como Gina), la cirujana que me atendió antes de la operación con quien nos reímos cuando sonó la melodía de Star Wars en su teléfono de trabajo y hablámos de cómo me imaginaba el quirófano antes de entrar y de cómo sentiría el efecto de la anestesia.

Quiero hablar de los demás cirujanos y anestesistas, aunque no los recuerde (estaba ya dormido). Hicieron un gran trabajo.

Quiero hablar de las enfermeras que se ocuparon de mí en los días posteriores. Tantos nombres se mezclan en mi cabeza (Merche, Lola, Ester, Marta…), que aún y ofreciendo una atención excelente se disculpaban por ser tan pocas y la falta de disponibilidad en los turnos de fin de semana. Que mientras Galicia ardía, sabiendo algunas que tenían familiares allí, ponían la máxima atención en sus pacientes. Que escuchaban todo lo que tenías que contarles y te contestaban entre sonrisas y con alegría.

Quiero hablar de la enfermera en prácticas que, bajo la mirada de su supervisora, me quitó la sonda antes de que me dieran el alta como si lo hubiera hecho durante toda la vida, y que demuestra que nunca es tarde para perseguir un objetivo.

Quiero hablar de todos esos Profesionales, con mayúscula, que, en un centro que nos recuerda con los tristemente sempiternos carteles que están bajo el asedio de los constantes recortes a la sanidad pública. De todos ellos, que ante todo son personas. Personas con sus aficiones, sus preocupaciones, sus sueños, sus problemas. Pero personas que cuando se ponen su uniforme de trabajo, de profesional de la sanidad, ponen a los pacientes, tú, yo, nosotros, antes que cualquier otra cosa. Y día tras día demuestran una profesionalidad y amabilidad que les honra en todos los niveles y que solo soy capaz de entender si hablamos también de verdadera vocación.

A todos ellos. Gracias. Gracias por ser como sois. Gracias por cuidar de nosotros.

elPeriódico